De Leidy Rogelia y la lluvia dorada
La noche siguió. Lo bueno de esas conversaciones era que nunca se detenían. No había celulares entrometidos ni silencios incómodos.
Literatura breve · Medallo, a deshoras
Historias para leer con una copa, una herida o cinco minutos libres. Poesía absurda, cruel y —a veces— sospechosamente tierna.
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Hecha para dramáticos inquietos
Índice
Tres relatos para empezar. Ninguno incluye consejos responsables.
La noche siguió. Lo bueno de esas conversaciones era que nunca se detenían. No había celulares entrometidos ni silencios incómodos.
Para un estudiante de diecinueve años, veinte lucas no eran solamente veinte lucas. Eran presupuesto, plan de contingencia y una fe ciega en el futuro.
Yo sabía que me esperaba lo inevitable. Lo que no sabía era que tendría overol azul, brackets rosas y una pregunta imposible de responder con dignidad.
Versos con dedicatoria
Poemas cortos para una mujer inmensa. Uno por cada antojo, suspiro o emergencia romántica.
Ya sé que juntos podemos jugar a ser insoportables, irresistibles, irremediables; pero juntos también somos imparables.
¿Cuánto amor hay en el olor a arepa en la mañana? ¿Cuánto amor hay en una taza de café?
Hoy, con este pescado con sabor a mar y a Pacífico, te pienso y te añoro. Tú eres la paz en mí.
A media voz
Cosas que cuesta admitir. Incluso cuando uno se las cuenta a sí mismo.
Qué lindo sería a veces solo irse al carajo, pero bien arriba en el cielo. No se trata de escapar. Se trata de un ligero respiro.
La honestidad jamás fue mi mejor virtud. Y si hablamos de transparencia, era tan transparente como el trozo de carbón que merecí en muchas navidades.
Todo parecido es sospechoso
Todo aquí es ficticio. ¿O tal vez no? La línea que divide lo real de lo ficticio la pones vos.
Sin moralejas. Sin algoritmos. Aciertos y desaciertos, siempre con el mismo entusiasmo.